El Juego del Calamar (The Squid Game)

Es el drama coreano que está siendo la nueva adicción en más de 83 países donde se ha colocado como la serie más vista de las últimas semanas en Netflix. Un grupo de personas con deudas muy fuertes entra a un concurso donde deberán jugar versiones sangrientas de juegos infantiles para ganar un premio millonario.

Esta serie te atrapa con la morbosidad de pensar si tú estarías dispuesto a arriesgar tu vida para saldar todas tus deudas, pero lo que nos enseña es que la naturaleza del ser humano es manipulada por la avaricia y por supuesto vemos el resultado que en algunos momentos nos parece obvio pero solo porque la sociedad nos ha vuelto así.

Gi-Hun es un hombre completamente hundido en deudas y en la idea de que no es su culpa ser pobre, pero el primer capítulo nos muestra que esa manera de pensar es su mecanismo de defensa para justificar su vicio por el juego, ha perdido a su esposa y está por perder a su hija, y no parece estar dispuesto a hacer nada que requiera demasiado esfuerzo.

El juego del calamar ofrece algo simple: Si ganas te llevas el dinero, si pierdes mueres pero si quieres dejar de jugar, se hace una votación democrática y si la mayoría decide abandonar el juego, pueden hacerlo. Una efectiva metáfora de la vida laboral “quieres dinero, tienes que seguir las reglas sociales y ahí está esperando al final. Si no quieres seguir las reglas o jugar el juego puedes salirte” y por supuesto vemos que cuando las cosas se ponen difíciles no adentro sino afuera, la avaricia golpea a los participantes y voluntariamente regresan.

La serie no se toca el corazón para mostrar que cualquiera puede ser el enemigo, desde el más obvio hasta aquel que parece ser un ser humano de buen corazón y esto es lo que lleva a nuestro personaje central a ser el compás moral de la historia.

Muchos se han unido al debate sobre si la serie es una historia sobre como la clase rica explota a los pobres, pero los organizadores del juego ponen las reglas frente a los participantes y ninguno está ahí sin su consentimiento. Explotar la avaricia y necesidad de los jugadores no es tan diferente de lo que hace cualquier empresa, donde no eres un empleado especial ni necesario pues si quieres abandonar tu puesto, hay cien aspirantes que lo tomarán y harán el mismo trabajo. Es duro pero es la horrible realidad de la sociedad adulta, por eso los juegos – por más violentos que sean – son adaptaciones de juegos infantiles para disfrutar un momentáneo retorno a una época más simple de nuestras vidas.

Visualmente llamativa aunque las actuaciones tienen ese detalle donde los personajes exageran toda reacción con gritos y drama extremo que ya se ha vuelto clásico de las series coreanas, chinas y japonesas. Especialmente molesta es la participante que todo el tiempo quiere romper las reglas y siempre brinca de equipo para tratar de sobrevivir pero esa gente existe y es igual de molesta.

El final es MARAVILLOSO aunque peca de dejar varias cosas abiertas para la inevitable segunda temporada, personalmente considero esto un error pues una temporada habría sido perfecta y he leído que el creador no tiene un plan bien definido ahorita para la siguiente temporada entonces podría bajar la calidad ante la presión de Netflix por continuar el éxito. El tiempo dirá pero sin duda esta es una serie que no te debes perder.

9/10

I’m Out!!!!!!

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