Prisoners of the Ghostland: ¡¿Qué demonios acabo de ver?!

La carrera de Nicolas Cage jamás ha sido tradicional, el hombre pasó de la comedia al terror, de vuelta a la comedia, ganando un Oscar por su primer gran drama, aprovechando su fama para volverse estrella de las mejores películas de acción de los 90’s, haciendo comedias familiares y películas de superhéroes hasta lo que sea que esté haciendo ahorita. Excéntrico es una buena manera de describirlo.

Si queremos definir lo que uno entra a ver cuando elige una película protagonizada por Cage es un subgénero de corte independiente con un poco de “más te vale ver esto con drogas en tu sistema o no te va a gustar” y es justamente lo que ocurre con esta película que incluso él describe como “lo más alocado que ha filmado hasta ahora”

La premisa es simple: En un futuro post-apocalíptico, Cage es un ladrón capturado a quien se le contrata para rescatar a la hija del sherriff de un pueblo que es como si Japón hubiera explotado en un pueblo de California en 1885. Para asegurar que cumplirá con esto, le colocan un traje con explosivos que le dan menos de una semana para traerla de regreso.

Imaginen que el mundo de Mad Max dentro de la mente de Leos Carax (Holy Motors) se pelea con el hijo de una noche pasional entre Terry Gilliam y Takashi Miike pero visto desde el filtro de Quentin Tarantino contándole una historia a un joven Peter Jackson y un joven Tim Burton y más o menos sabrán lo que es esta cinta donde un pueblo es prisionero de un demonio al que Cage debe derrotar para poder hacer que la chica recupere sus ganas de hablar y así evitar morir.

Tiene momentos muy llamativos, peleas que solo podrían funcionar con el estilo del actor pero esto es algo que no le recomendaría a nadie porque no la van a entender y no me refiero al sentimiento snob de “no la vas a entender porque no es cine comercial” sino que no la vas a entender porque la mitad del tiempo no sabes que está pasando!!

La gente de pronto se pone a cantar como animatronics en un parque de Disney, por momentos sientes la influencia de Japón pero en menos de treinta segundos se vuelve un western, los personajes hablan una mezcla de francés, japonés e inglés todo el tiempo y Nicolas Cage hace lo que se le pega su regalada gana porque el director es un enorme fanático del actor y yo no tenía “yerba del diablo” para entrar en sintonía con todo esto.

5/10

I’m Out!!!!!!

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