Drácula: Un muerto bien muerto

Cuando Steven Moffat tomó las riendas de Doctor Who fu justo cuando yo conocí la serie y me pareció fantástica, había un sentido más cinematográfico e imaginativo, tenía sus puntos bajos pero cuando Moffat quería, podía tener los puntos más altos de toda la serie.

Después vino su versión moderna de Sherlock Holmes y aunque la primera temporada va a paso lenta, la segunda es un clásico de la televisión moderna, pero lamentablemente ya comenzaban a verse demasiados fallos para la tercera temporada como la necesidad de hacer caso a los fanboys y fangirls que “amaban a Sherlock por ser tan divertido” y la serie se volvió puro fan-service y querer ser “cool”.

Ahora, la dupla Gattis/ Moffat regresan para traernos la mini-serie de Drácula muy a su estilo, lo cual tristemente no es nada bueno.

El primer capítulo no es nada más que una larga y tediosa introducción del personaje que constantemente nos dice que es “malo malote” y jamás ves la “inexplicable atracción” que un personaje clama sentir por él. A veces, Drácula (Claes Bang) se siente tan exagerado y sobresexualizado como la versión de Lestat en Queen of the Damned. Es mucho “uuuh cuidado que soy peligroso y sexual” pero nada más como para mantenerte interesado.

El personaje de la Hermana Van Helsing (Dolly Wells) es el que resulta más desesperante y no necesariamente porque quiera ser una mujer poderosa y luchadora, si no porque se trata simplemente de una copia de Sherlock Holmes y Missy en Doctor Who, la gastada actitud de “yo lo sé todo ¿pero porqué es que quieres hacer esto? Uuh que divertido juego!” Se siente absolutamente mecánica, especialmente en el segundo capítulo que trata de dar más historia al viaje de Drácula en el Demeter convirtiéndolo en un patético juego de “¿Quién se estará comiendo a los pasajeros? Con un giro tan ridículo que causa mucha más risa de la que debería.

El episodio final es una simple y llana adaptación de la seducción de Lucy que viene en la novela de Bram Stoker pero ambientada (para no variarle a la fórmula) en la era moderna y un final tan desinflado que en verdad me dejó pensando si el chiste de esta serie era que el espectador sintiera que los capítulos le succionaron las ganas de querer ver alguna otra cosa con vampiros en el resto de su vida, de ser así entonces esta serie merece todos mis aplausos pues cumplió su cometido y no deseo ver a Drácula en nada por lo que me queda de vida.

Drácula es un proyecto que pudo haber sonado bien, en el guión, pero la ejecución es demasiado pobre y merece un día en la playa con el sol brillando a todo lo que da.

I’m Out!!!!!