Ana y Bruno

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Sí, esta película no se ve como una de Disney ni tiene los millones de dólares de presupuesto como una de Pixar, pero cuando se tiene una buena historia se empeña hasta la casa del mejor amigo con tal de sacar adelante un proyecto que vale la pena y Carlos Carrera lleva una década dedicando y arriesgando todo por “Ana y Bruno” ¿Y saben qué? ¡Esa clase de amor escurre por la pantalla!

Ana y su mamá están en un manicomio esperando a que su papá venga a sacarlas de ahí. Una noche, Ana escucha un ruido y decide seguir a una extraña criatura llamada Bruno quien de inmediato le explica que es una alucinación de un paciente y le presenta a las otras criaturas que habitan el tenebroso lugar.

Esta premisa digna de Gaiman o Carroll nos adentra a un mundo extraño donde los detalles del principio son de extremo valor para comprender la hermosa lección del final y aunque el twist puede ser adivinado en los primeros minutos, Carrera maneja el guión de Flavio González Mello y Daniel Emil tan bien que el golpe emocional se recibe a pesar de esto y nos mantiene enganchados durante todo el segundo acto.

Más que criticar la animación comparándola con lo creado por monopolios, me voy a enfocar en lo que me sorprendió por bien hecho como la fluidez de personajes como Bruno, Roque y Tic así como la batalla final de las alucinaciones contra el monstruo de fuego en el mar que muestran que se pueden hacer grandes cosas en cuanto a animación nacional.

Claro que me es casi imposible soltar el hecho de que el doblaje se siente dolorosamente dividido entre aquellos que saben hacerlo y los que no, obviamente sin contar a la pequeña que da voz a Ana, pero en otros personajes hizo falta intención en varias escenas que parecían simplemente leídas.

Probablemente no falte quien diga que la historia es demasiado oscura para los pequeños y que ciertos temas serán difíciles de entender pero creo que esto es más una falta por parte de los padres y no del realizador pues debemos encontrar un balance entre proteger a nuestros hijos de varios horrores pero hacerlos más despiertos a otros para que no lleguen a la adolescencia con cicatrices que fácilmente pudieron evitarse. Lo expuesto en esta cinta es necesario y manejado de una forma que no considera estúpida a su audiencia, lo cual aplaudo porque son esas las películas que valen la pena en nuestro cine. 

Ana y Bruno es un logro en toda la extensión de la palabra, una muestra de que quien persevera logra alcanzar, y me da mucho gusto nombrarla como la mejor cinta animada mexicana que he visto en toda mi vida. Pido mucho más de este tipo de obras a futuros directores enredados por dilemas morales sobre tratar de imitar lo hecho en Estados Unidos cuando lo importante es encontrar su propia voz y no comprometer su visión por frases como “los niños no lo van a entender”.

9/10

I’m Out!!!!

2 pensamientos en “Ana y Bruno

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